Mi nuevo trabajo
Estuve mucho tiempo desvinculado de esto, pero es que era necesario. Desde que trabajo en la noche ya nada es igual que antes. Esculpí mi cuerpo a la altura de los más metrosexuales de la ciudad, y no dudé en insultar a los que todavía eran más guapos que yo.
Cambié mi tranquilo trabajo por una fiesta continua en la que veo a personas de todas las edades. Trabajo en un after hour, los domingos por la mañana. Abren las puertas sobre las 11:30 y repican las campanas para hacer saber al pueblo que la fiestuqui acaba de llegar. Todos van ya pasados, y algunos hasta con gafas de sol porque deben tener los ojos rojos e inyectados en sangre, caminan lentamente a lo que parece una tortura pero donde en el fondo disfrutan con devoción. A este after hour va todo dios. Tenemos un montón de bancos donde la gente se puede sentar a charlar por si van cansados, y el Dj toca un organillo mejor que el de la cabra, con unos tubos que llegan hasta el techo. También tenemos una tarima donde algunos espontáneos se suben y cantan canciones a coro, que todos los demás repiten susurrando porque deben tener la voz rota de tanta fiesta en la noche. Como en todos los sitios, viene gente impetuosa, tenemos a un habitual con su ropa blanca hasta los pies que se cree el patriarca del garito y cuando todos empiezan a cantar aquella canción de E nomine - Padrenuestro, él se bebe un vaso de vino de garrafón. Todos los demás ya sin energía porque la noche quema, se ponen en fila para pedir explicaciones, y él se pone a repartir ostias. La gente se la come y se va a donde estaba, no tiene rival. Es un hombre ya mayor, tanto que la gente le llama padre, aunque para mí sería más bien abuelo


